Para los que tuvimos la suerte de conocerlo, y mas aún, los que hemos crecido en esa Córdoba pujante, la Córdoba del orden, del progreso indefinido; los que aprendimos de su forma de gestionar con prepotencia de trabajo y convicción; los que hemos vivido casi la mitad de nuestras vidas en ese Radicalismo que daba prioridad a los sectores marginales con la impronta "de la periferia al centro", en esa ciudad que mostraba profunda deuda social y déficit en insfraestructura y servicios. Ese era el Ramón del pueblo, con esas notas tan características que lo hacían único; con sus más aciertos que errores, nos supo dejar la moral administrativa en los actos de gobierno y la planificación como eje de acción, donde se hacía necesario hacer un diagnóstico cierto de cuales eran las necesidades para aplicar politicas de estado sustentables. Ese fue el verdadero legado de Ramón Mestre, una forma de hacer política y de sentir al Radicalismo.
En una parte de la Juventud Radical seguimos creyendo en la vigencia de su obra, porque la vivimos y la acompañamos; porque la sentimos, porque la incorporamos a nuestra visión de la practica política.
En esa misma Juventud Radical, también creemos que las decisiones organicas no se toman en la unanimidad de dos personas, y también creemos en la política planificada donde la atención primaria de la salud debe ir a esa periferia y a los sectores que más lo necesiten con una adecuada concientización de sus efectos, no en el casco céntrico donde se encuentra el polo sanitario de ciudad y por simple demagogia. En fin, gracias Ramón, Obras y no palabras, pero con planificación y seriedad.
